Siempre he comprobado que los años impares son mejores que los pares. Este vuelve a ser impar y, el anterior, el que muy de niña había señalado como que debía ser un buen año, al fin pasó. Se pueden tachar los días, los meses, los años que consideres oportunos. Ya te lo dije.
Ahora marzo vuelve con esa luz amarilla que atraviesa las paredes y el verdor incipiente que empieza a abrirse paso. Estos días recordaba que lo último que estudié sobre mi mesa roja era un libro rojo de latín. Allí sentada, en silencio, entrando la vida por el balcón: la calle lejos (más allá de todo nuestro verde), el pueblo descendiendo ladera abajo hasta el río, el sonido del oxidado tren amarillo, los mirlos entonando el fin de la tarde sobre la palmera y Córdoba allí, al final, agarrándose a la línea del horizonte; pensaba en lo pequeño que era mi mundo y en la posibilidad de que existieran o no planetas capaces de encontrar el mío. De encontrarme. La posibilidad de encontrarnos.
A veces regreso, aunque no a casa. El sábado comprobaba cómo mi prima -radiante- está a punto de dar el pistoletazo de salida a la nueva generación; hablábamos de las tardes de sol y las noches de grillos y le decía que, pese a todo, habíamos tenido una infancia increíblemente hermosa.
La historia, la vida vuelve a repetir ciclo. Sólo nos queda mejorarla.
***
- ¿Crees en las señales?. Le pregunto a mi hermana tras comprobar que lo que acabo de recoger del suelo es un colgante de una moneda, una baratija muy estropeada con una efigie de la reina Isabel II de Inglaterra.
Ahora marzo vuelve con esa luz amarilla que atraviesa las paredes y el verdor incipiente que empieza a abrirse paso. Estos días recordaba que lo último que estudié sobre mi mesa roja era un libro rojo de latín. Allí sentada, en silencio, entrando la vida por el balcón: la calle lejos (más allá de todo nuestro verde), el pueblo descendiendo ladera abajo hasta el río, el sonido del oxidado tren amarillo, los mirlos entonando el fin de la tarde sobre la palmera y Córdoba allí, al final, agarrándose a la línea del horizonte; pensaba en lo pequeño que era mi mundo y en la posibilidad de que existieran o no planetas capaces de encontrar el mío. De encontrarme. La posibilidad de encontrarnos.
A veces regreso, aunque no a casa. El sábado comprobaba cómo mi prima -radiante- está a punto de dar el pistoletazo de salida a la nueva generación; hablábamos de las tardes de sol y las noches de grillos y le decía que, pese a todo, habíamos tenido una infancia increíblemente hermosa.
La historia, la vida vuelve a repetir ciclo. Sólo nos queda mejorarla.
***
- ¿Crees en las señales?. Le pregunto a mi hermana tras comprobar que lo que acabo de recoger del suelo es un colgante de una moneda, una baratija muy estropeada con una efigie de la reina Isabel II de Inglaterra.
- Sí. Contesta ella sin pensárselo.

4 commentaires:
El universo te está hablando, ¿pero qué te dice? E ahí la cuestión. Un beso.
éste si es un post tuyo tuyo, mientras que digamos sí nos queda algo de niños, malo si nos convertimos en unas piedras (yo soy tan atea y realista, creo que volveré a creer en las señales)
Lindo blog!
y yo me quito el sombrero ante ti y tus escritos.
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